Uno de los motivos por los que el Comité de Investigadores de Enfermedades Infecciosas considera que no debe ponerse en marcha la fase III del experimento es porque no se puede demostrar que la vacuna funcione. El virus VIH es muy especial ya que tiene una tremenda capacidad de mutación y evoluciona de distinta manera en unas regiones y en otras. Son muchas las variedades que existen de este virus, lo que dificulta la creación de una vacuna eficaz.
Además, en los laboratorios se trabaja con cepas cultivadas por los científicos que no son las mismas que las cepas salvajes que infectan a los humanos. Por eso, las vacunas contra cepas de laboratorio no garantizan la aplicabilidad de sus resultados en humanos. Obviar que los resultados serán satisfactorios sería un error científico y ético, ya que el experimento requiere exponer a miles de personas al virus.
Si la vacuna funcionase y saliera adelante, sus beneficios reales seguirían siendo inciertos durante mucho tiempo, hasta que hubiese datos suficientes sobre cuántas personas vacunadas contraen el virus y cuántas no, o con cuánta rapidez les afecta.

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